La Coctelera

Alina Blues

Televisión, audiencias y literaturas

2 Marzo 2007

No yo no soy no tonto no

Los detectores paranoico-críticos de Alina Blues -buceadora sutil de los engaños de la comunicación- empezaron a lanzar destellos como un tripi caducado en cuanto observó tres coincidencias televisivas en apenas unos días.

Primero, el novato presidente de la corporación de la tele pública descarta la emisión de una entrevista del perro verde de la colina con butanito de la calzada, con lo que la sombra de la censura pasa rápidamente a internet y otros canales se apresuran a montar y explotar el quilombo. Dinerito y notoriedad para ese señor calvo tan vetado, y manos limpias para TVE, que se queda con los insultos y se descarga sutilmente de las críticas a la oposición.

Segundo, el instituto de la mujer lanza un tremendo anatema sobre una fotografía publicitaria de una marca italiana de moda, con lo que las masas digitales corren hacia Google en demanda del fruto prohibido. La imagen debía ser tan terrible que muchos buscaron mediante la combinación D&G + gore + terrorismo de género. Pero oh decepción, en la foto sólo había unos chicos jugando al teto en una escena de la que pueden imaginarse treinta y siete situaciones garchantes. Publicidad por la cara para los modistos.

Tercero, un canal que viste de verde -y no precisamente en D&G- lanza un spot sobre el próximo partido Madrid-Barça donde un tipejo se despanzurra en un coche y luego resucita para no perderse el evento. El gobierno solicita a Milikito la retirada del anuncio, a lo que éste accede gustoso para no contaminar con chistes macabros los serios esfuerzos de la dirección general de tráfico, pero Youtube y los blogs multiplican el videoclip. Promoción viral gratis para La Sexta y su partido.

Alina Blues, acostumbrada a los caminos bifurcados del ajedrez y la literatura, sabía que el truco no era nuevo, pero sospechó que su reiteración debía constituir una nueva tendencia en la comunicación audiovisual. La búsqueda intencionada de un NO institucional para relanzar el mensaje, amplificarlo e inyectarlo por los venas de los nuevos medios con la carga de un interés renovado. Los teóricos polvorientos dirían: el NO es el mensaje.

La enunciación directa y evidente ya no se usa ni en política ni en publicidad -vote a tal, compre esto-, excepto en las campañas de Mediamarkt y algunos detergentes. Y las arduas metáforas conceptuales de las compañías tecnológicas y automovilistas parecen cada vez más agotadas: las mismas imágenes ecológicas, interraciales y de babosos valores positivos sirven para promover cualquier cosa y ya no generan diferencias entre marcas.

El paso siguiente de la comunicación intencionada es la incorporación de noes sucesivos -éticos, estéticos o legales- en los discursos o proclamas que utilizan los medios de comunicación. Noes que funcionan como diques que derivan el flujo de una información interesada hacia los lugares -digitales o de la conciencia del consumidor- deseados por el gil que la promueve.

La técnica, un poco perversa, necesita la implicación activa del usuario, como quieren los principios del nuevo márketing: no sólo le obliga a buscar el mensaje, sino que le presupone un avispado: la información interesada deja de ser una pieza inerte en boca de un político, un talibán o un publicista y adquiere el don de la palabra: “tú no eres tonto, búscame”. Como el pelotudo del anuncio -que dice no ser tonto pero lo parece- pero dos grados más sutil.

El problema es que la superposición de los espejos de las negaciones acaba por afirmar, o no, también depende del idioma. Y que las propias imágenes tienen una increíble capacidad para la falacia, como cavilaba Magritte con su figura de la pipa que no es una pipa. Y que tras la fingida ingenuidad de muchos blogs está el interés de un comerciante de productos o ideologías.

El sueño de cualquier manipulador de la comunicación es lograr que el destinatario final del mensaje busque con sus propios esfuerzos y recursos una información para auto-impactarse. En esa situación, facilitada por los medios digitales, el usuario es un tonto muy tonto. La próxima vez que reciba un ‘pásalo’ en el móvil, una noticia de censura junto con un link, o cualquier otra iniciativa que apele a las masas inteligentes, Alina Blues se pondrá en guardia y meditará sus siguientes pasos digitales, por si acaso se descubre de repente como protagonista de un anuncio de Mediamarkt.

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